ELECCIONES EN CRISIS

Es nuestra última oportunidad de no dejar que la opinión de unos pocos determine el futuro de la nación por décadas

Daniel Melo Candidato

¿Reconoces a las mismas personas cuando estamos en elecciones? ¿Te dan refrigerios o almuerzos en las reuniones para escuchar a candidatos? ¿Ves al mismo candidato en varias partes de tu ciudad? ¿Sabías que hay dinero de por medio?
Pues no es poco, son ríos de dinero. Ese mismo dinero que cuesta explotar la mina la colosa en Cajamarca, los pozos petroleros en Colombia, el IVA, la subida de los ya excesivos impuestos para las empresas legales en Colombia.
La política está en crisis no porque elijamos gente que se corrompe, sino porque desde el principio llegan con dineros indebidos, debiendo favores.
No sirve no involucrarnos si queremos el cambio: mucho voto comprado va juicioso el día de elecciones en transporte puesto por el candidato a la mesa de votación. Corrupción elije corrupción democráticamente. La democracia funciona cuando la gente se involucra, cuando la persona indignada con los políticos de su país los castiga en las urnas, cuando trasciende su rechazo de publicaciones de Facebook al voto de opinión. En la ciudad musical de Colombia nos quedamos sin escenarios deportivos gracias al elefante blanco más grande que ha visto la ciudad.
Dramas como el anterior, que nos dejan sin las piscinas adecuadas para entrenar waterpolo, destruyen el complejo deportivo por excelencia de la ciudad, con más de 20 disciplinas afectadas;
pueden ser evitados. No votemos por el que más veces aparece en las cuñas radiales, las vallas del pueblo, el partido de fútbol o RCN y Caracol en general. Por votar por la gente que aparece ahí
es que elegimos corruptos: estar en esos espacios tantas veces, cuesta. Hoy en día, una buena parte de la población en Colombia tiene acceso a internet gracias a la gran gestión del ex ministro de Tecnologías de la Información y comunicación Diego Molano Vega. Y es precisamente a través de “San Google” que podemos quitarle todo el poder a la corrupción.
Los candidatos de opinión no tienen o gastan el dinero de los candidatos de maquinaria. Para ellos es demasiado costoso salir constantemente en los medios tradicionales o no digitales. Por eso cuidan bastante su presencia en internet.
Si queremos cambiar el país debemos dejar de hacerle caso a la propaganda, a la encuesta, al debate televisado y sentarnos en frente del celular o computador y buscar cuantos candidatos se han lanzado por puesto y cuáles son los mejores.
Además, el candidato de opinión no gasta millones en reuniones con refrigerios o entregando dinero a las personas. Por eso el consejo: reciban, pero no voten por ellos. El candidato de opinión es un hombre de Dios, por lo cual se siente algo distinto en él, es sincero al hablar, una persona que se puede quemar pero que no tiene afán de corromperse para llegar a las personas. El no busca estar en los medios para ser conocido, sino llegar al corazón. Algo que no se logra con la política tradicional de toda la vida.
Por eso te invito a pensar una política diferente, una política que está en crisis, donde la gente no cree en el tamal ni las noticias, donde todos los de opinión nos ponemos de acuerdo para castigar en las urnas los ríos de dinero. Es que el dinero de los impuestos es del pueblo, no del político.
La mejor manera de que el político se comporte y la corrupción se acabe, es con un pueblo despierto que desconfía de los ríos de dinero en elecciones y recuerde todos los engaños a los que ha sido víctima: el proceso de paz que resultó ser una FARCSantos política, con un Vargas Lleras muy pegado al presidente Santos durante sus dos periodos de engaños y las supuestas “mentiras” de la campaña del No porque las FARC no iban a tener viabilidad para lanzarse como candidatos a la presidencia, la cámara y el senado.
Ese pueblo, esa gente, esas personas que les duele el país, que para ellos el robar no se justifica por más torcidas que sean las cosas; que no les gusta la política porque todo es corrupción y mentiras, que no votan porque todos son iguales, todos prometen y no cumplen.
Ese voto escondido, dormido, que es la mayoría en Colombia. Ese voto es el que puede cambiar el rumbo de la nación.
NO dejemos la democracia en manos de los pocos corruptos que votan y les alcanza para poner al político de toda la vida.
NO dejemos de votar, pues la abstención en Colombia es de más del 50% del censo electoral: más de la mitad de las personas mayores de 18 años no vota.
NO dejemos de expresar nuestro inconformismo en las urnas, pues ya quedó claro en nuestras redes sociales que no queremos más de lo mismo.
NO más continuismo, pongamos en el congreso a sangre nueva, personas sin mancha que se mantengan por la senda de la luz y terminen brillando intensamente para toda Colombia y el mundo.
NO más paz de Santos, las FARC buscan el poder y pueden pertenecer al estado, pero no de la forma como Santos ha entregado el país, sus instituciones, su justicia, su congreso, el dinero de nuestros impuestos en publicidad nacional, internacional, nobel, ONU y demás.
NO más impunidad, las FARC deben responder por los crímenes que han cometido, primero ante Dios y luego ante los hombres.
NO más inseguridad, no queremos un país sumido en la violencia como el de la era del Pablo Escobar, la fallida negociación de paz con el gobierno de Pastrana o lo que sucede y esconde la prensa durante el gobierno Santos.
NO más corrupción, porque la justicia hoy en día está comprada, porque nos dan unas migajas de resultados para manipular nuestra indignación, porque no hay respeto al comerciante legal e informal, porque somos de los países que más pagan impuestos y más políticos mantenidos sostiene. COLOMBIA merece gente de bien en el poder, gente que sea temerosa de Dios y de todo lo que puede pasar si se vuelve contra los ciudadanos. El Rey les contestará: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron.” Mateo 25 v 40

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