Invasores de predios, necesitados o avaros mercaderes inescrupulosos

Qué calificativo se merecen esos insaciables mercaderes que sin ningún escrúpulo se sacrifican viviendo en vetustos armatostes para pretender dar a entender a un gobierno débil y sin autoridad que necesitan de una vivienda digna, cuando en sus haberes son propietarios no de una sino de cinco o diez casas en los mejores sitios de la ciudad.

En invasiones como la denominada San Vicente, según se ha denunciado existen ganaderos, comerciantes y empresarios fingiendo ser del estrato uno, necesitado de una casa donde vivir dignamente. Cuando el grupo de avivatos conocidos en el país como invasores profesionales se tomó el predio “San Vicente”, al lado de Caño Jesús que se unió con Bello Horizonte donde habitan más avivatos, los ocupantes abusivos le reconocieron al entonces alcalde Luis Emilio Tovar Bello que sí tenían casa propia, pero que necesitaban posesionarse de sus nuevos ranchos.
A partir de la tolerancia y mano frágil del popular alcalde, se emprendió una migración de decenas y decenas de familias abusivas a instalarse de manera ilegal y hasta delictiva en esos predios, generando una vergonzosa aglomeración que ni la Policía en su pereza institucional pudo detener hasta llegar al mísero estado de hoy.Esas gentes azuzadas por los inescrupulosos invasores desfilaron a meterse pagando o sin pagarle a los mafiosos que promueven las invasiones a quienes la alcahuetería judicial teme tocarlos patrocinando así la generación
del feo espectáculo de aparente pobreza. Qué calificativo se merecen esos insaciables mercaderes que sin ningún escrúpulo se sacrifican viviendo en vetustos armatostes para pretender dar a entender a un gobierno débil y sin autoridad que necesitan de una vivienda digna, cuando en sus haberes son propietarios no de una sino de cinco o diez casas en los mejores sitios de la ciudad.
En invasiones como la denominada San Vicente, según se ha denunciado existen ganaderos, comerciantes y empresarios fingiendo ser del estrato uno, necesitado de una casa donde vivir dignamente.
Cuando el grupo de avivatos conocidos en el país como invasores profesionales se tomó el predio “San Vicente”, al lado de Caño Jesús que se unió con Bello Horizonte donde habitan más avivatos, los ocupantes abusivos le reconocieron al entonces alcalde Luis Emilio Tovar Bello que sí tenían casa propia, pero que necesitaban posesionarse de sus nuevos ranchos.A partir de la tolerancia y mano frágil del popular alcalde, se emprendió una migración de decenas y decenas de familias abusivas a instalarse de manera ilegal y hasta delictiva en esos predios, generando una vergonzosa glomeración que ni la Policía en su pereza institucional pudo detener hasta llegar al mísero estado de hoy.
Esas gentes azuzadas por los inescrupulosos invasores desfilaron a meterse pagando o sin pagarle a los mafiosos que promueven las invasiones a quienes la alcahuetería judicial teme tocarlos patrocinando así la generación del feo espectáculo de aparente pobreza.

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